París (VII)

Vienen tus amigos del colegio a verte a París. Les cuentas que has empezado a escribir una novela. Nacho te pide que se la enseñes. Le dices que no, pero él coge tu ordenador y lee en alto un fragmento de un documento abierto: Sigue leyendo

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París (VI)

Que la vida no es una novela uno se da cuenta rápido. Por ejemplo, el Bandini de Fante. Es un personaje literario que solo come naranjas. ¿Pero quién come naranjas? Tú solo comes manzanas, porque son baratísimas. Las naranjas son pringosas y dejan hilillos en las uñas y un olor fuerte en las manos. ¿Por qué la fruta del Edén era una manzana y no una naranja?

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París (V)

12 de octubre

Vuelves de la universidad andando y escuchando música, mientras piensas por qué esta semana estás cabreado y deprimido.

Llegas a casa, enciendes el ordenador y miras Twitter. Lees un tuit de @Pedroampudia a través de un RT de @Mercutio_M. “Joder, dicen que se ha estrellado un avión del desfile en Los Llanos”.

Tu hermano es uno de los pocos pilotos de caza que volaba hoy. Le escribes. No le llega el mensaje. Mientras tanto, actualizas Twitter cada cinco segundos. Ya hay un vídeo. Un caza se ha estrellado. Hay mucho humo. No se sabe si el piloto ha saltado o no.

Transcurre un minuto y medio hasta que el primer tic de Whatsapp pasa a ser un doble tic, y durante ese minuto y medio te mareas, no puedes pensar. Sientes un vacío, estupor ante los hechos.

Tu hermano está bien. El avión era un Eurofighter, y él ahora lleva un F-5. El piloto, amigo de tu hermano, ha fallecido. Fue padre en mayo. Te echas a llorar cuando te enteras, intentando compartir con sus familiares y su mujer una pena tan grande en la que no cabe ningún adjetivo. Pero, sobre todo, lloras por tu hermano y por esa película sentimental de un minuto y medio.

 

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Foto: Reuters.

París (IV)

En París no se acaba nunca, Vila-Matas cuenta que su padre se hartó tanto de mandarle dinero a Francia para que él escribiera su primera novela que le pidió que volviera a España. “Por fin me estoy dando cuenta de que mi hijo es un verdadero idiota”. Tú, por el contrario, te llevas bien con tu madre. Como mucho le asustas un poco y le comentas que estás adelgazando tanto que el reloj se te cae del brazo y las botas te quedan más grandes que antes. Sigue leyendo

París (III)

“De vuelta, 23:30. Hemos rodeado todo el Sena. Casi lo que más me gusta de París es sentarme y mirar el Ministerio de Justicia desde la orilla contraria. Después hemos callejeado por St. Germain. […] Mientras caminamos por el quai des Tulleries Ana habla de un amigo suyo gay. Intento ponerla en un aprieto. ¿Cómo sabes que yo no soy gay? Tartamudea, duda, reconoce. “Ya. En verdad no lo sé, puede ser. ¿Y qué más da?”. Le digo que no, que claro que no, pero ahora sus dudas de repente no me hacen gracia, me molestan, y pienso que por qué me habré metido en este juego. Por dentro me cabreo. Intento disimular, pero cuando hablan de chicos me callo y demuestro un sentido primario que me espanta”.

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Te despiertas en una casa y te duermes en otra. Tan solo tienes un poco de suerte. Sigue leyendo

París (I)

París es una puta que te ha recibido con una gran patada en el culo. Un señor te pidió dinero en Opera agarrándote del brazo y, como no te gusta que te toquen, le empujaste. Caminabas con Blanca y Belén hacia el Arco del Triunfo, riéndote despreocupado, y no te esperabas su reacción, pero cuando le apartas y te vuelves hacia ellas notas la punta de una bota en tu culo. Una patada estratosférica. Te giras y le gritas, y todas las personas que te rodean te miran con ojos de pájaro. A ti, que es el que grita, y no al clochard. El hombre se te acerca, y tú no quieres líos o no te atreves a enfrentarte a él, así que te das la vuelta y sigues tu camino. Blanca y Belén andan muy deprisa, porque el tipo os sigue. No para de gritarte, de decirte que eres un maricón. “¡Maricón, marica!” Tú sigues caminando, mirando de reojo por si se acerca más. Que sepa español te acojona. Durante cinco manzanas el hombre os sigue, y tú estás avergonzado. Intentas rebajar los gritos con bromas, que no son muy graciosas. “¿Os imagináis que no para de seguirme nunca?”.

Después, unas horas más tarde, solo y tranquilo, rodeas el Panteón y bajas la Rue Clovis. “Voy a vivir en la misma ciudad en la que vivieron muchos de los escritores que admiro”. Quieres, pretendes y luchas por convertirte en uno de ellos. Te acuerdas de algunos que has leído: Cortázar, Hemingway, Vargas Llosa, Joyce. Incluso piensas en autores contemporáneos que pasaron por aquí y que has entrevistado, como Vila Matas, Guadalupe Nettel o Iñaki Uriarte. Te sientes bien y decides cambiar tu destino hacia el Sena. Al llegar dejas la mochila en el suelo y observas el río más literario del planeta: “¡Venga! Venid aquí, adverbios acabados en mente, uno a uno, a ver si podéis esquivar este directo-directo-gancho. ¿Alguien más? Voy a escribir un libro que recoloque los cimientos de la novela. ¿Tú qué coño quieres, estilo? ¡Toma crochet! Y tú, ballena varada, mundillo literario, pienso destrozarte en menos de cinco asaltos. Da igual que te muestres indiferente a mis puñetazos, pronto caerás. Pum, pum, pum. ¿Alguna coma que se atreva a desafiar mis frases? Soy imparable. Mirad cómo me muevo y golpeo. Estoy bailando dentro del ring. ¡seré el mejor escritor del mundo!”. Sigue leyendo

Jorge Bustos: “El aprendizaje de la escritura es un despojamiento. Es el aprendizaje de la sencillez”

Hace un año entrevisté, junto a Gonzalo R. Sevilla, a Jorge Bustos. La entrevista se hizo con el mismo propósito que la conversación con Arcadi Espada: hablar sobre el oficio del escritor. En este caso, Jorge Bustos cuenta su visión sobre el ensayo, su estilo y su pasión por la lectura. No hay nada de actualidad. También charlamos de posmodernismo, cultura y libros.

Esta entrevista se realizó en mayo de 2016:

PREGUNTA: El nazismo nos enseñó a replantear el poder y nuestra confianza en la cultura.

RESPUESTA: Ahí empieza un desprestigio de la cultura y de la razón que siguen Adorno y Horkheimer con su Dialéctica de la Ilustración. ¿Cómo la nación alemana, la más culta del mundo tal y como era en los años treinta, pudo desarrollar el mayor horror de la historia? ¿Si la cultura no nos blinda de algo tan horrible como el nazismo, ¿de qué sirve la cultura? Emerge un cierto nihilismo. Entran en crisis todos los relatos que daban sentido a la vida del hombre: la comodidad, la religión o las tradiciones. Mientras tanto, gana fuerza el individualismo. Al mismo tiempo, el consumo de masas permite la democratización de la cultura. A partir de los años cincuenta, creada la cultura de masas, quedan trastocados los parámetros por los que se regía el mundo cultural y literario, hasta llegar al momento actual donde conviven todo tipo de corrientes. La posmodernidad es un océano donde han desembocado todas las corrientes de la historia occidental, y cada uno nada en la suya.

Pero donde el canon occidental, según Steiner, está en peligro.

Steiner está preocupado por la idea de tradición y autoridad. Todo eso se dinamita en los años sesenta: la disciplina cada vez está más en cuestión. Lo importante es que la posmodernidad tiene muchas ventajas, es una gran explosión de libertad, pero al mismo tiempo tiene la manía constante de la banalización. Al perder las referencias de lo canónico, al odiar las normas, la disciplina, las viejas jerarquías, el propio constructo de canon, la convicción en que hay autores mejores y peores y en que es posible jerarquizar la belleza llega la apoteosis: el mercantilismo. Todo lo que vende es lo bueno, y los críticos pierden sentido. Su función social desaparece, porque qué sentido tiene ir contra el mercado o arrogarse la superioridad intelectual, aunque estés muy formado, para decir lo que se debe leer y lo que es basura. ¿Quién se arroga esa superioridad? Antes todo el mundo reconocía esa autoridad. La democratización total, que es una conquista tan absolutamente irrenunciable y positiva, en el arte y en la cultura nunca ha funcionado. El arte nunca ha sido democrático. Nunca. Las grandes obras artísticas las hacen seres tocados por un genio absolutamente antidemocrático, individualista y egoísta que no se puede compartir ni diseñar y que ha hecho avanzar a las sociedades y cambiar las percepciones del hombre.

“Las grandes obras artísticas las hacen seres tocados por un genio absolutamente antidemocrático, individualista y egoísta que no se puede compartir ni diseñar y que ha hecho avanzar a las sociedades y cambiar las percepciones del hombre”.

Pero ese miedo de Steiner de “Occidente va a desaparecer” se lleva repitiendo desde el mismo inicio de la idea de civilización.

El ensayo que yo escribí intentaba no ser una jeremiada que dijera que vamos al desastre o al apocalipsis porque al mismo tiempo que veo cómo en los periódicos hay más erratas y menos creatividad que nunca, también encuentro chavales que están leyendo a Kafka en el metro y que están estudiando, formándose o creando una web en latín. Tampoco me gustaría encajar en esa especie de Casandra que está todo el día alertando de la desgracia.

¿Qué opinas de Harari y de su libro De animales a dioses? Su idea de que son las ficciones el motor de la historia.

Es verdaderamente original decir que ha tenido mucho más que ver en el progreso del hombre el mito que el logos. Y el relato hasta ahora había sido al revés. Resulta que Harari nos dice que no: en nuestras hipertecnificadas sociedades racionalistas y ateas los mitos siguen estando presentes, cada vez con más fuerza. Lo que ocurre es que a lo mejor ya no son las misas de los domingos, sino el equipo de fútbol, la comunidad vegana o el pilates. El hombre es religioso por naturaleza. Lo que hace es cambiar el objeto de su adoración. Al final, las soluciones de la religión siguen estando presentes en fuerzas políticas cuyos programas son absolutamente inaplicables, que tienen más de catecismo, de promesa o de cielos. El marxismo, dice Steiner, no es más que un sucedáneo del cristianismo. Y tiene mucha razón. La pervivencia del marxismo, cuando ha sido probado y ha fracasado en tantos países, solo se explica porque el mito es muy terco. La persistencia del nacionalismo, cuando ha provocado ríos de sangre, solo se explica porque es mucho más poderosa la idea de que nosotros somos el pueblo elegido (como el judío, el catalán o el vasco) que debe defenderse de una agresión externa. Es irracional. Pero funciona porque los mitos tienen más fuerza. Decía Wilde que es más fácil compartir un sentimiento que un razonamiento. Estamos diseñados para sentir en décimas de segundo y para pensar en minutos o en horas. Es una cuestión de velocidad. Vivimos en un neorromanticismo desbocado. Creo que lo que le falta a este país y en definitiva al paradigma occidental es una especie de nuevo clasicismo. Una vuelta a la Ilustración. Sigue leyendo

Todorov y los enemigos íntimos de la democracia. ¿Es buena siempre la libertad?

9788481099959Me he propuesto recuperar la lista de mis lecturas en el blog, con la condición de que escriba sobre ellas.

Me acabo de terminar -prácticamente de una sentada porque es corto- Los enemigos íntimos de la democracia, de Tzvetan Todorov. Llegué a este libro de casualidad, pero al verlo decidí comprarlo por lo mucho que me había impresionado El miedo a los bárbaros.

La tesis principal de Todorov es que los principales enemigos de la democracia no están fuera, sino dentro. Ya no existe la Unión Soviética y Rusia tiene menos poder de influencia, mientras que China está plenamente integrada en la globalización y no busca imponer su sistema político, sino beneficiarse del comercio. Además, Todorov le resta importancia al terrorismo yihadista. No lo considera un enemigo que ponga en peligro la pervivencia de las democracias. Por tanto, si los enemigos no están fuera, están dentro. Según mi lectura, estos son los principales: 1. El mesianismo político 2. El neoliberalismo y 3. El populismo y la xenofobia. Sigue leyendo

Apuntes tras leer Anna Karenina

 

  1. Aunque no me ha costado acabarlo y en ningún momento me he planteado abandonar su lectura, a ratos se me ha hecho largo. Según avanzaba pensaba que había partes del libro que sobraban. Me recordaba que Anna Karenina se publicó por entregas en un periódico y que si era tan extenso era porque Tolstoi había querido ganar más dinero. Por otra parte, no he conseguido leer más de 70-80 páginas del tirón. Pero al acabar el libro, reposando la lectura, me he dado cuenta de que todo esto no es culpa de Tolstoi, sino del Whatsapp o de Twitter. De los libros de más de 1000 páginas que he leído es la primera vez que me ocurre, y eso me preocupa. Dicho esto, no creo que Anna Karenina contenga la tensión narrativa que sí tiene Guerra y Paz.
  1. Llegué a Anna Karenina pensando que me iba a encontrar un libro muy parecido a Madame Bovary. Me equivocaba. Tolstoi, con muchas más páginas, escribe el libro en el que se podría resumir la humanidad. Anna no es más que una excusa, un pivote sobre el que cimentar toda una novela para tratar temas tan diversos como el amor, la familia, la religión, la dualidad campo-ciudad, los celos o la envidia. Emma Bovary es la protagonista y ciega al resto de personajes. Anna Karenina no, incluso a veces desaparece de la novela. Hay partes en las que me es más interesante leer sobre Lievin que sobre Anna, quizá porque el primero (Lievin significa “de Lev”) es un alter ego del autor.
  1. Me parece que lo más pesado cuando leo a Tolstoi son los debates en torno al campesino, el capital y el trabajo en el campo. En general, todas las conversaciones que se deban a polémicas de la época. Tienen interés histórico, pero nada más. Contrasta con capítulos muy evocadores y geniales. Algunos: Vronski conociendo a Anna en la estación, la carrera de caballos de este mismo, Lievin trabajando a destajo en el campo con sus campesinos o el embarazo de Kiti.
  1. Uno no puede ser más que esclavo de su tiempo, pero se me hace raro no leer ninguna descripción de sexo. De repente, Anna ha sido infiel y, más tarde, el lector se entera que se ha quedado embarazada. Durante el libro, lo más loco que hacen los personajes es besarse las manos. Esto ha evolucionado tanto que si te imaginas las escenas que se describen en el libro te partes de risa. Para divertirme trataba de descubrir en cualquier palabra o cambio de párrafo una escena de sexo que Tolstoi hubiera querido comunicar entre líneas.
  1. Sigo pensando que me gusta más Dostoievski. Y que esto es natural, sobre todo cuando uno va avanzando con sus lecturas. Salí más conmocionado de Los hermanos Karamazov o de Crimen y castigo que de cualquier obra de Tolstoi, pero porque tengo la sensación que Dostoievski escribió esos libros para hablarme a mí a la oreja, mientras que Tolstoi lo hace con universales con los que muchas veces no me identifico.
  2. Me ha encantado el prólogo de George Gibian (1966):

 

“Llaman la atención varios aspectos de Anna Karenina que pueden parecer inconsistentes o incluso contradictorios. Por un lado, existen muchos indicios de lo que podríamos calificar de actos de la razón y de la voluntad. Tolstoi usa un gran número de expresiones que señalan relaciones lógicas. […] Con frecuencia, los personajes cumplen su voluntad; planean, calculan […].

Por otro lado, sin embargo, muchos pasajes apuntan lo opuesto: personajes que confían, con buenos resultados, en su intuición e instinto, seres humanos incapaces de llevar a término su voluntad; actos involuntarios o incluso en contra de lo que ellos habían planeado. De hecho, los actos más verdaderos y significantes se realizan a veces irracionalmente. Los puntos de inflexión giran en torno a lo repentino, lo inmediato, lo inesperado, y no a lo racional o a la voluntad”.

 

“Los personajes de Tolstoi a menudo cometen acciones que no quieren realizar, como si las llevaran a cabo en contra de su voluntad. Planifican y “tienen la intención de”, pero entonces el lector los descubre (y se descubren así mismos) haciendo, diciendo o sintiendo algo muy diferente de lo que tenían previsto. O bien dicen y hacen cosas inconscientemente. Como resultado, muy a menudo se sorprenden a ellos mismos, por lo que hacen los demás, por lo que hace la vida”.

 

Y esto, una explicación de por qué se ha elegido varias veces a Anna Karenina como la mejor novela de la historia:

“El narrador de Tolstoi relata lo complejo y lo oscuro como si resultara obvio, simple, cristalino. El narrador lo ve todo claro y directo: suyo es el estilo transparente. No está al mismo nivel que los personajes, sino en las alturas, como un Dios, observándolos desde un lugar superior y privilegiado. Este es el mecanismo estructural básico de Tolstoi para contrastar la percepción del narrador y la voz de los personajes, el responsable del doble efecto de la novela: su claridad racional frente a los elementos no raciones e intuitivos”.