Jorge Bustos: “El aprendizaje de la escritura es un despojamiento. Es el aprendizaje de la sencillez”

Hace un año entrevisté, junto a Gonzalo R. Sevilla, a Jorge Bustos. La entrevista se hizo con el mismo propósito que la conversación con Arcadi Espada: hablar sobre el oficio del escritor. En este caso, Jorge Bustos cuenta su visión sobre el ensayo, su estilo y su pasión por la lectura. No hay nada de actualidad. También charlamos de posmodernismo, cultura y libros.

Esta entrevista se realizó en mayo de 2016:

PREGUNTA: El nazismo nos enseñó a replantear el poder y nuestra confianza en la cultura.

RESPUESTA: Ahí empieza un desprestigio de la cultura y de la razón que siguen Adorno y Horkheimer con su Dialéctica de la Ilustración. ¿Cómo la nación alemana, la más culta del mundo tal y como era en los años treinta, pudo desarrollar el mayor horror de la historia? ¿Si la cultura no nos blinda de algo tan horrible como el nazismo, ¿de qué sirve la cultura? Emerge un cierto nihilismo. Entran en crisis todos los relatos que daban sentido a la vida del hombre: la comodidad, la religión o las tradiciones. Mientras tanto, gana fuerza el individualismo. Al mismo tiempo, el consumo de masas permite la democratización de la cultura. A partir de los años cincuenta, creada la cultura de masas, quedan trastocados los parámetros por los que se regía el mundo cultural y literario, hasta llegar al momento actual donde conviven todo tipo de corrientes. La posmodernidad es un océano donde han desembocado todas las corrientes de la historia occidental, y cada uno nada en la suya.

Pero donde el canon occidental, según Steiner, está en peligro.

Steiner está preocupado por la idea de tradición y autoridad. Todo eso se dinamita en los años sesenta: la disciplina cada vez está más en cuestión. Lo importante es que la posmodernidad tiene muchas ventajas, es una gran explosión de libertad, pero al mismo tiempo tiene la manía constante de la banalización. Al perder las referencias de lo canónico, al odiar las normas, la disciplina, las viejas jerarquías, el propio constructo de canon, la convicción en que hay autores mejores y peores y en que es posible jerarquizar la belleza llega la apoteosis: el mercantilismo. Todo lo que vende es lo bueno, y los críticos pierden sentido. Su función social desaparece, porque qué sentido tiene ir contra el mercado o arrogarse la superioridad intelectual, aunque estés muy formado, para decir lo que se debe leer y lo que es basura. ¿Quién se arroga esa superioridad? Antes todo el mundo reconocía esa autoridad. La democratización total, que es una conquista tan absolutamente irrenunciable y positiva, en el arte y en la cultura nunca ha funcionado. El arte nunca ha sido democrático. Nunca. Las grandes obras artísticas las hacen seres tocados por un genio absolutamente antidemocrático, individualista y egoísta que no se puede compartir ni diseñar y que ha hecho avanzar a las sociedades y cambiar las percepciones del hombre.

“Las grandes obras artísticas las hacen seres tocados por un genio absolutamente antidemocrático, individualista y egoísta que no se puede compartir ni diseñar y que ha hecho avanzar a las sociedades y cambiar las percepciones del hombre”.

Pero ese miedo de Steiner de “Occidente va a desaparecer” se lleva repitiendo desde el mismo inicio de la idea de civilización.

El ensayo que yo escribí intentaba no ser una jeremiada que dijera que vamos al desastre o al apocalipsis porque al mismo tiempo que veo cómo en los periódicos hay más erratas y menos creatividad que nunca, también encuentro chavales que están leyendo a Kafka en el metro y que están estudiando, formándose o creando una web en latín. Tampoco me gustaría encajar en esa especie de Casandra que está todo el día alertando de la desgracia.

¿Qué opinas de Harari y de su libro De animales a dioses? Su idea de que son las ficciones el motor de la historia.

Es verdaderamente original decir que ha tenido mucho más que ver en el progreso del hombre el mito que el logos. Y el relato hasta ahora había sido al revés. Resulta que Harari nos dice que no: en nuestras hipertecnificadas sociedades racionalistas y ateas los mitos siguen estando presentes, cada vez con más fuerza. Lo que ocurre es que a lo mejor ya no son las misas de los domingos, sino el equipo de fútbol, la comunidad vegana o el pilates. El hombre es religioso por naturaleza. Lo que hace es cambiar el objeto de su adoración. Al final, las soluciones de la religión siguen estando presentes en fuerzas políticas cuyos programas son absolutamente inaplicables, que tienen más de catecismo, de promesa o de cielos. El marxismo, dice Steiner, no es más que un sucedáneo del cristianismo. Y tiene mucha razón. La pervivencia del marxismo, cuando ha sido probado y ha fracasado en tantos países, solo se explica porque el mito es muy terco. La persistencia del nacionalismo, cuando ha provocado ríos de sangre, solo se explica porque es mucho más poderosa la idea de que nosotros somos el pueblo elegido (como el judío, el catalán o el vasco) que debe defenderse de una agresión externa. Es irracional. Pero funciona porque los mitos tienen más fuerza. Decía Wilde que es más fácil compartir un sentimiento que un razonamiento. Estamos diseñados para sentir en décimas de segundo y para pensar en minutos o en horas. Es una cuestión de velocidad. Vivimos en un neorromanticismo desbocado. Creo que lo que le falta a este país y en definitiva al paradigma occidental es una especie de nuevo clasicismo. Una vuelta a la Ilustración. Sigue leyendo

Todorov y los enemigos íntimos de la democracia. ¿Es buena siempre la libertad?

9788481099959Me he propuesto recuperar la lista de mis lecturas en el blog, con la condición de que escriba sobre ellas.

Me acabo de terminar -prácticamente de una sentada porque es corto- Los enemigos íntimos de la democracia, de Tzvetan Todorov. Llegué a este libro de casualidad, pero al verlo decidí comprarlo por lo mucho que me había impresionado El miedo a los bárbaros.

La tesis principal de Todorov es que los principales enemigos de la democracia no están fuera, sino dentro. Ya no existe la Unión Soviética y Rusia tiene menos poder de influencia, mientras que China está plenamente integrada en la globalización y no busca imponer su sistema político, sino beneficiarse del comercio. Además, Todorov le resta importancia al terrorismo yihadista. No lo considera un enemigo que ponga en peligro la pervivencia de las democracias. Por tanto, si los enemigos no están fuera, están dentro. Según mi lectura, estos son los principales: 1. El mesianismo político 2. El neoliberalismo y 3. El populismo y la xenofobia. Sigue leyendo

Apuntes tras leer Anna Karenina

 

  1. Aunque no me ha costado acabarlo y en ningún momento me he planteado abandonar su lectura, a ratos se me ha hecho largo. Según avanzaba pensaba que había partes del libro que sobraban. Me recordaba que Anna Karenina se publicó por entregas en un periódico y que si era tan extenso era porque Tolstoi había querido ganar más dinero. Por otra parte, no he conseguido leer más de 70-80 páginas del tirón. Pero al acabar el libro, reposando la lectura, me he dado cuenta de que todo esto no es culpa de Tolstoi, sino del Whatsapp o de Twitter. De los libros de más de 1000 páginas que he leído es la primera vez que me ocurre, y eso me preocupa. Dicho esto, no creo que Anna Karenina contenga la tensión narrativa que sí tiene Guerra y Paz.
  1. Llegué a Anna Karenina pensando que me iba a encontrar un libro muy parecido a Madame Bovary. Me equivocaba. Tolstoi, con muchas más páginas, escribe el libro en el que se podría resumir la humanidad. Anna no es más que una excusa, un pivote sobre el que cimentar toda una novela para tratar temas tan diversos como el amor, la familia, la religión, la dualidad campo-ciudad, los celos o la envidia. Emma Bovary es la protagonista y ciega al resto de personajes. Anna Karenina no, incluso a veces desaparece de la novela. Hay partes en las que me es más interesante leer sobre Lievin que sobre Anna, quizá porque el primero (Lievin significa “de Lev”) es un alter ego del autor.
  1. Me parece que lo más pesado cuando leo a Tolstoi son los debates en torno al campesino, el capital y el trabajo en el campo. En general, todas las conversaciones que se deban a polémicas de la época. Tienen interés histórico, pero nada más. Contrasta con capítulos muy evocadores y geniales. Algunos: Vronski conociendo a Anna en la estación, la carrera de caballos de este mismo, Lievin trabajando a destajo en el campo con sus campesinos o el embarazo de Kiti.
  1. Uno no puede ser más que esclavo de su tiempo, pero se me hace raro no leer ninguna descripción de sexo. De repente, Anna ha sido infiel y, más tarde, el lector se entera que se ha quedado embarazada. Durante el libro, lo más loco que hacen los personajes es besarse las manos. Esto ha evolucionado tanto que si te imaginas las escenas que se describen en el libro te partes de risa. Para divertirme trataba de descubrir en cualquier palabra o cambio de párrafo una escena de sexo que Tolstoi hubiera querido comunicar entre líneas.
  1. Sigo pensando que me gusta más Dostoievski. Y que esto es natural, sobre todo cuando uno va avanzando con sus lecturas. Salí más conmocionado de Los hermanos Karamazov o de Crimen y castigo que de cualquier obra de Tolstoi, pero porque tengo la sensación que Dostoievski escribió esos libros para hablarme a mí a la oreja, mientras que Tolstoi lo hace con universales con los que muchas veces no me identifico.
  2. Me ha encantado el prólogo de George Gibian (1966):

 

“Llaman la atención varios aspectos de Anna Karenina que pueden parecer inconsistentes o incluso contradictorios. Por un lado, existen muchos indicios de lo que podríamos calificar de actos de la razón y de la voluntad. Tolstoi usa un gran número de expresiones que señalan relaciones lógicas. […] Con frecuencia, los personajes cumplen su voluntad; planean, calculan […].

Por otro lado, sin embargo, muchos pasajes apuntan lo opuesto: personajes que confían, con buenos resultados, en su intuición e instinto, seres humanos incapaces de llevar a término su voluntad; actos involuntarios o incluso en contra de lo que ellos habían planeado. De hecho, los actos más verdaderos y significantes se realizan a veces irracionalmente. Los puntos de inflexión giran en torno a lo repentino, lo inmediato, lo inesperado, y no a lo racional o a la voluntad”.

 

“Los personajes de Tolstoi a menudo cometen acciones que no quieren realizar, como si las llevaran a cabo en contra de su voluntad. Planifican y “tienen la intención de”, pero entonces el lector los descubre (y se descubren así mismos) haciendo, diciendo o sintiendo algo muy diferente de lo que tenían previsto. O bien dicen y hacen cosas inconscientemente. Como resultado, muy a menudo se sorprenden a ellos mismos, por lo que hacen los demás, por lo que hace la vida”.

 

Y esto, una explicación de por qué se ha elegido varias veces a Anna Karenina como la mejor novela de la historia:

“El narrador de Tolstoi relata lo complejo y lo oscuro como si resultara obvio, simple, cristalino. El narrador lo ve todo claro y directo: suyo es el estilo transparente. No está al mismo nivel que los personajes, sino en las alturas, como un Dios, observándolos desde un lugar superior y privilegiado. Este es el mecanismo estructural básico de Tolstoi para contrastar la percepción del narrador y la voz de los personajes, el responsable del doble efecto de la novela: su claridad racional frente a los elementos no raciones e intuitivos”.

Arcadi Espada: “Tengo que escribir muchas cosas al día y tengo prisa. No me puedo permitir el lujo de ser pedagógico”

Hace un año estuve charlando con Arcadi Espada sobre su juventud, su obra y sus influencias literarias. La entrevista iba a publicarse en un proyecto de conversaciones con escritores, pero finalmente decidimos incluir solo a novelistas y poetas.

 

Pregunta: Su primera obra fue Ibiza, una guía turística.

Respuesta: Fue un encargo de un amigo que tenía contactos con una editorial que estaba conectada con el Ministerio de Turismo. Buscaban personas que estuvieran dispuestas a estar unos meses en distintos lugares. Me lo ofreció y yo acepté, haciéndolo con mi mujer de entonces.

¿Y leyó a la Generación Beat?

¡Sí! Me acuerdo que tuve que leer a Ginsberg. Hasta leí cosas de extraterrestres. Yo me lo pasé genial haciendo parte de ese libro, pero decir que ha sido una obra mía es un poco excesivo.

Uno de sus autores favoritos es Léautaud, en cuya lápida se puede leer: “escritor francés… extraño a toda fe y a toda inquietud filosófica”. Usted en el libro En nombre de Franco se describe como un joven que no tenía ninguna inquietud.

Esto es complicado de explicar. Hay dos maneras de ser joven. Una es contraindicada y la llevan a cabo esos adolescentes que van dando vueltas en espiral a la inquietud filosófica. Pueden ser personas muy inteligentes y muy bien formadas pero no logran insertarse bien en el ambiente. Siempre están divagando, aunque luego hagan obras maestras. Tienen una vida generalmente infeliz. Yo no. Yo fui un adolescente que miraba siempre hacia delante. Yo seguía mi camino y no me preocupaba ni por la muerte ni por esas cosas que los adolescentes se preocupan. Sigue leyendo

Discriminación en las discotecas: cómo combatir sin carteles el machismo

Mi padre vive en China desde hace siete años. Primero estuvo en Shanghai y después se movió a Pekín. He ido varias veces a verlo y la última fue hace dos veranos, con dos amigos. Nada más llegar decidimos salir de fiesta, porque mis hermanos me habían hablado muy bien de la noche en China. Nos fuimos a Sanlitum, la calle de Pekín donde están las discotecas más famosas. Allí, un chino vestido de traje nos paró para invitarnos a una nueva sala que acababan de abrir. No nos fiamos nada, pero decidimos ir. Cuando entramos, alucinamos. No nos había mentido. La discoteca era enorme, repleta de luces y de gente. El chino sacó tres pulseras y nos las dio para que tuviéramos alcohol gratis. En ese momento nos sentimos estúpidamente orgullosos de ser europeos. La barra de la discoteca estaba repleta de jóvenes como nosotros, personas entre 20 y 30 años que eran occidentales y que llevaban la pulsera amarilla fosforescente. ¿Y los chinos? Ellos estaban en los reservados, bebiendo Moët & Chandon y mirándonos con una sonrisa en la boca. Yo pedí copa tras copa, contentísimo por no tener que pagar. Pero al volver a casa, pensando en el tema, me di cuenta de lo obvio. Nos habían utilizado, decorando la barra de la discoteca para que los chinos, niños ricos, estuvieran contentos. Y ese día comprendí lo que tanto me había costado entender cuando empecé a estudiar economía: si te ofrecen gratis un servicio es que el producto eres tú.

Sigue leyendo

El arriesgado momento de convertirse en escritor

Image result for vargas llosa de joven

Desde que descubrí la ingente y exquisita cantidad de entrevistas de la Paris Review que se realizó durante todo el Siglo XX a mis escritores más admirados, cada vez que entro en una biblioteca busco en la sección de “escritura” algún libro relacionado con la revista. Sé que están todas publicadas en Internet, pero el papel me sigue transmitiendo más sensaciones que la fría pantalla. Aquí en Monterrey, en México, no hay muchos, pero está mi querido El oficio de escritor de la editorial mexicana Era. Pues bien, a su lado, con un lomo verde oscuro, estaba apoyado una recopilación de entrevistas de la Paris Review a escritores latinoamericanos, justo lo que se echaba en falta en Writers at work. Están todos: desde un Borges ya ciego que apenas le queda por decir algo más de su obra que no haya dicho ya hasta un García Márquez pletórico y guasón, pasando por un Vargas-Llosa recién defenestrado de la política o un Cortázar con su majestuosa pedagogía a la hora de hablar de literatura.

Sigue leyendo

Las mujeres que querían atropellar al machismo

img_20160830_125903

Son las tres de la mañana y Silvia ya está llegando al punto de recogida de su próximo cliente. El viento mece los pocos árboles que flanquean la calle. Parece que va a llover. Tampoco hay mucha luz en Fundidora. Cuando ella lo ve en la esquina, sonriendo y con la cara levemente ladeada, murmura: no tiene buena pinta. Él se sube y le sonríe: “¿Tú eres Silvia, verdad?” Ella asiente. Cuando trabajas para Uber hay que ser lo más amable posible, son normas de la empresa. Durante el trayecto él la pregunta por qué no se sube a su casa cuando lleguen. Ella declina la propuesta. Él insiste. Alza la voz. Sigue leyendo

De animales a dioses

“La única cosa que podemos hacer es influir sobre la dirección que tomen. Puesto que pronto podremos manipular también nuestros deseos, quizá la pregunta real a la que nos enfrentamos no sea «¿En qué deseamos convertirnos?» sino «¿Qué queremos desear?» Aquellos que no se espanten ante esta pregunta es que probablemente no han pensado lo suficiente en ella”. Sigue leyendo