Quédate quieto

“Y aquí termina mi libro; termina definitivamente. No volveré ya sobre lo andado; mis personajes se alejan, y yo, sin ser romántico desatado, sin ser sentimental efusivo, me quedo absorto. No sé cuándo he leído el soneto de un poeta, Shelley, en que se termina diciendo que sólo la mutabilidad es lo perdurable. Nada más cierto: en la vorágine humana, en el torbellino del mundo, todo gira y cambia. ¿Cómo podríamos permanecer inmóviles? ¿De qué modo no ser irrisoria nuestra vanidad de permanencia? Todo es cambiadizo, y nosotros, puestos en la vorágine, lo somos también. Todo pasa, y nosotros también. Cuando reprochamos a un hombre su fragilidad, sepamos que nosotros somos también frágiles. Cual arista al viento es el ser humano. Y entonces, ¿con qué motivo hacer una excepción en nuestra persona de la ley universal y eterna? La consideración de nuestra mutabilidad y fragilidad debe imbuir en nuestro espíritu la tolerancia”.

Azorín, Capricho, 1943. Ed Austral.

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