Joaquín Leguina: “La verdadera izquierda es aquella que defiende la igualdad sabiendo que no todo el mundo es bueno”

Joaquín Leguina (Villaescusa, 1941) es un socialista erudito, con toda la carga interpretativa que eso conlleva. Se educó políticamente en grupos antifranquistas y se doctoró en París. Además, acompañó a Felipe González en el inicio de la democracia y, sobre todo, en el principio del liderazgo socialista en España. Más tarde fue presidente de la Comunidad de Madrid hasta la llegada del PP. Leguina ha sido funcionario en el INE, trabaja en el Consejo Consultivo de Madrid y mientras tanto le ha dado tiempo para escribir novelas y ensayos políticos. Cree que él no es un socialista demasiado autocrítico con los suyos, simplemente piensa que la gran mayoría se callan. No duda en rechazar las “medidas neoliberales” alemanas pero también “las pociones mágicas” de un cierto sector de la izquierda. Durante la entrevista, varias personas se acercan a saludarle y a presentarse e incluso a agradecerle por su buen hacer en la Comunidad. Durante una hora y media atiende a nuestras preguntas y nos adentramos en un personaje poco habitual en España: político, ávido lector y consecuente con sus actos.

El político debe haber trabajado antes de entrar en política…

Sí. También para poder trabajar después de salir.

Es lo que se achaca a algunos políticos.

Ahora a casi todos, antes no era así. Es una locura que haya personas que entren en cargos políticos nada más hacer la primera comunión y ¡se pretendan jubilar ahí! El deterioro actual, desde el punto de vista profesional, humano e intelectual de la llamada clase política salta a la vista. Hoy en día quien trabaja en la política está desprestigiado porque se ha desprestigiado ese oficio. Y eso es muy grave. Basta con comparar los diputados de la primera legislatura democrática (1977-1979) con los de ahora para demostrarlo. ¿Cómo se resuelve eso? Teniendo voluntad y, en segundo lugar, atrayendo gente profesional, sean obreros de la construcción o ingenieros de caminos, me da igual. Pero que hayan cotizado a la Seguridad Social antes de ocupar un cargo público. También es preciso permitirles una salida laboral. Eso que llaman los demagogos “la puerta giratoria” es necesario para poder entrar y, luego, salir. Un señor que era médico en un gran hospital y entra en la política dirigiendo, por ejemplo, la sanidad en una comunidad autónoma, ha de poder volver en buenas condiciones a ejercer su profesión y que no se le margine.

El problema de las puertas giratorias, y por el cual surge la indignación, es que al final un presidente del gobierno acabe en el consejo de dirección de una multinacional, la cual puede haber favorecido en el pasado.

Eso está prohibido por la ley. No tengo más que decir. Ahí tiene que intervenir la fiscalía. Pero al concejal de urbanismo de una ciudad, que no puede volver a trabajar en ese sector habrá que darle una salida.

Lee la entrevista completa en Revista Highway.

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