María Ramírez o por qué el periodismo está más vivo que nunca

Decía Larra que siempre ha gemido la prensa (“Ha gemido la prensa/ pero hoy que le das/ Talidio, a imprimir tus obras todas/ gime al menos con motivo”). No somos la excepción porque no confirma la regla, pero desde luego que la prensa se queja con más fuerza que nunca. Muchos periodistas ven a Internet como un arma que ha hecho estragos en la redacción y reducido a cenizas los periódicos. Otros no; María Ramírez (Madrid, 1977) acaba de fundar junto a su padre un nuevo medio, El Español. Es consciente de la seriedad de la crisis pero rechaza el discurso victimista.

El ruido de los platos al ser colocados y el murmullo de las conversaciones en el BAM, entre Zurbano y Bretón de los Herreros, difumina las palabras de María Ramírez, cuya visión del periodismo no es ni mucho menos negativa. “Si lo fuera no habría fundado un nuevo periódico”, responde riéndose. No arrastra en ningún momento la losa del apellido y se desliga a veces de palabras de su padre para refutarlas después. “Mi padre y yo discutimos muchas veces y es positivo que no estemos de acuerdo en todo”, explicó en una entrevista anterior.

Reconoce al entrevistador que ya están empezando a hacer cosas desde El Español, el cual nacerá en otoño y que aún sólo aparece en el blog: “Lo que hicimos en Sol junto con el equipo de 93 metros ha tenido mucho éxito, eso es lo que queremos hacer”. Para ella, pese a ser parte del liderazgo del nuevo proyecto, el reporterismo nunca podrá desaparecer de su vida y mucho menos del periodismo. #Nohacefaltapapel es algo más que una cuenta bancaria, es su seña de identidad. Pero para que sobreviva el periodismo de El Español también necesitan financiación, admite: “Nosotros estamos teniendo muchísimo éxito con tanta inversión de accionistas. Cuanto más dependas de los lectores más independiente eres”. Aún permanece en la neblina periodística aquella imagen de los principales periódicos de papel envueltos en publicidad de un mismo banco. Ellos meterán anuncios, pero no serán determinantes. “Queremos un modelo mixto, pero también apoyarnos en los eventos, algo que hacen mucho en Estados Unidos. Nosotros nunca queremos depender de publicidad que nos pueda perjudicar”.

Para la fundadora de El Español el periodismo es algo con lo que nació por herencia familiar. Unos heredan dinero, otros vocación. En el caso de la periodista, ella se educó entre libros, reportajes y columnas. “Sin duda alguna el reporterismo es el oficio más bonito del mundo”. Rescatamos sus orígenes, qué importancia tuvo la universidad y sus posteriores prácticas, matrículas y becas: “Esperaba más de la universidad. Solo aprendí de las asignaturas que no eran de periodismo… pero la beca Fullbright en Columbia fue muy útil”. Entre cafés se desarrolla un análisis de la universidad: ¿forma periodistas? Se cita a Soledad Gallego Díaz, a Enric González, a Pulitzer o a Jill Abramson en apenas dos minutos. Los análisis son variados, la conclusión no: el periodista tiene que ser autodidacta, sea cual sea su formación previa.

Interrumpe la conversación una llamada. María Ramírez se disculpa con el entrevistador y nada más cogerlo afirma que está en una entrevista. Dice que sí, que adelante. “Habla con Eduardo o con Dani”. Finalmente, cuelga. “Lo siento, era una exclusiva. Bueno, una pequeña exclusiva” (se ríe). Horas más tarde El Español publica en su blog los documentos de la querella de Manos Limpias contra Pablo Iglesias. Dicen que no es como se empieza, pero la impresión es positiva: una exclusiva incluso antes de abrir el periódico no está nada mal.

La conversación avanza hablando sobre lo que ha hecho la prensa anglosajona y lo que no ha hecho la española: reinventarse. Para María Ramírez los medios tradicionales no solo no han sabido adaptarse, sino que además en ellos se ha visto un enorme aumento de la literatura en las noticias: “La literatura… ¡Nos ha invadido! Es un horror. Estoy en contra de la opinión en el periodismo, de la poesía, de las metáforas, de los adjetivos… ¡Es mi bestia negra! Si me preguntas a mí lo más importante es hacer buen reporterismo básico, aunque sea innovador. Contar las historias sin adjetivos, sin opiniones, sin literatura. Las historias buenas no hace falta adornarlas”. En cualquier momento parece que va a pronunciar aquello Montaigne: “Cuando algo se conoce con exactitud la palabra resbala de la boca”.

En apenas 32 días han llegado 5000 currículums, una media de 156 diarios. “Es como una bola de nieve”, responde Ramírez desesperada y contenta al mismo tiempo. “Queremos talento. No hacer tanto una distinción entre jóvenes y viejos y decir: “Ah, te cogemos porque eres joven y te pagamos menos”. Pues no. Eso sí, es normal que al querer innovar, la gente joven tenga más peso. Nos han venido algunos hablando de videojuegos y de canales de Youtube que yo no tenía ni idea. En la selección del personal te lo juegas todo: da igual la cantidad, lo importante es la calidad”.

La periodista ha tenido que rechazar una oferta de Univision que consistía en establecerse en Miami y seguir la actualidad política estadounidense. Aun así, desvela que intentarán colaborar de alguna forma: “Además, estamos escribiendo un libro sobre los políticos hispanos, enfocado sobre todo a Marcos Rubio”.

Ella, al igual que Manuel Jabois, si tuviera delante a Hitler no le pegaría un tiro, le haría una entrevista. No sé hacer otra cosa que ser periodista, parecía decir entre risas. “El periodismo está más vivo que nunca” y con ello su romanticismo.

En su mirada se detecta ilusión en un proyecto que ya ha juntado a más de 1600 personas que han aportado dinero y confianza. Hay que recordar, sentimentalismos aparte, que para conseguir lo segundo se necesita de lo primero, algo que ya avisó Dean Baquet, director del New York Times. Cada vez que se menciona a El Español ella luce una sonrisa, pero a medias. Porque esto es un camino que reconoce largo y cuyo objetivo es estar permanentemente renovándose. Porque otra derrota más de la profesión daría la razón a aquellos que afirman, sin complejo alguno, que el periodismo ha muerto. Así, sin más. Sin preocuparse de quién irá al entierro. La sonrisa es cauta, ya que el fracaso demostraría que hay cosas que no tienen solución, y son las que más, que diría Larra.

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