El día que se perdió la causa del pueblo

“Daniel ni había sido fascista ni había pertenecido a un sindicato amarillo. Se había limitado a desconocer y desacatar las organizaciones proletarias de la lucha de clases, a no secundar las huelgas y a procurarse mejoras económicas haciendo horas extraordinarias en la fábrica. Daniel siempre había sido el enemigo de la organización. Pero, a pesar de todo, era indiscutiblemente un obrero, un proletario ciento por ciento […] ¿Tenían derecho a condenarle quienes en nombre del proletariado hacían la revolución y administraban la justicia revolucionaria?

Todos, en el fondo de su conciencia, sabían que no.

Le condenaron, sin embargo ¿Por qué? Por lo mismo que condenaban antes a la burguesía: por miedo a la libertad. El miedo odioso del sectario al hombre libre e independiente. ¡Fue una lástima! El día en el que el consejo obrero expulsó del taller al obrerio tornero Daniel, se perdió la causa del pueblo. Los cañones del ejército sublevado martilleaban inútilmente las trincheras de Madrid; los aviones italianos y alemanes asesinaban en vano mujeres y niños. Pero la causa del pueblo se había perdido por este sencillo hecho. Porque el consejo obrero de una fábrica había tomado el acuerdo de expulsar a un obrero por el delito de haber defendido la libertad”.

A sangre y fuego, Manuel Chaves Nogales (Ed: Asteroide).

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