Camba y los verdugos

No seré yo quien vaya a contracorriente de este repentino furor cambiano: las modas hay que seguirlas. Aquí un selecto párrafo que demuestra su particular estilo de cómo introduce una idea a través de una curiosidad o anécdota.

“[…]

Verdaderamente, no se puede afirmar que mi amigo desdeñe los progresos de la mecánica. Nada más lejos de la realidad. Hay partidarios de la pena de muerte que se interesan, indudablemente, por los últimos adelantos científicos, y quizá el reaccionario lo sea yo; pero yo opino que si somos todavía lo suficientemente bárbaros para seguir matando a los hombres en nombre de la justicia, debemos matarlos del modo más bárbaro posible. Con el garrote. Con el hacha. Con la rueda. A las doce del día, en la plaza Mayor de la ciudad, y no de noche, en el patio de una prisión. Así, la modernidad del procedimiento no haría resaltar de un modo tan ofensivo el medievalismo del acto. Aplicado de este modo, o bien resultaría que la pena de muerte era incompatible con nuestra sensibilidad, imponiéndose, por tanto, su abolición inmediata, o bien no lo resultaría, demostrándose, en este último caso, que desde el siglo XIII acá la Humanidad no había adelantado nada. Y una vez hecha esta demostración, ¿qué duda cabe de que la pena de muerte pasaría a ser una cosa mucho menos “objecionable” de lo que lo es ahora?”

Julio Camba en Mis páginas mejores (Ed: Pepitas de calabaza).

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