Fariña, de Nacho Carretero: un largo recorrido sobre la droga y los narcotraficantes en Galicia

Decía Nacho Carretero (La Coruña, 1981) que para escribir su primer libro había sufrido más que nunca. Fariña (ed: Libros del KO) es un reportaje extensísimo (casi 400 páginas) sobre la historia del narcotráfico en Galicia. El periodista, ahora en El Español pero antes como freelance cubriendo distintos conflictos en Ruanda, Siria, Sierra Leona o Marruecos, ha compuesto una obra conforme a la de un periodista de su categoría: un largo recorrido sobre las indiscreciones de la droga en Galicia a través de anécdotas, datos y resúmenes de sumarios. Si algo ha hecho bien El Español ha sido fichar a este excelente cronista y no incurrir en el error del medio convencional típico de no tener reporteros en plantilla y conseguir reportajes baratos del freelance que haya. Saldrá más caro, pero te aseguras la calidad.

Después de leerlo uno se queda con ganas de saber más. No por haber terminado una obra incompleta, al contrario. El libro te despierta el interés hacia lo desconocido. Es mérito del autor. Una de las conclusiones es que Galicia representa las puertas de la droga en Europa. Según un juez al que entrevistó Carretero, se calcula que el 89% de la cocaína que pasó a Europa entre los años 2001 y 2003 entró por Galicia. Además el escritor no tiene problemas en reflejar la intervención de los partidos políticos en el narcotráfico, de donde conseguían financiarse (especialmente Alianza Popular al estar en el poder). Lo hace como debe hacerlo un periodista serio: sin caer en la demagogia, ofreciendo las distintas versiones (el caso de Feijóo es muy clarificador) y dando sólo la información que dispone, nada más, sin meterse en los porqués superficiales.

La parte más interesante -la cual quizá es excesivamente corta- es la que incluye testimonios de familiares afectados por la droga. En ella no cuenta persecuciones policiales, gastos de millones de dólares e historias sobre narcotraficantes excéntricos. Escribe sobre la devastación de unas personas que no sabían -o no querían saber- lo que conllevaba consumir heroína, cocaína o LSD y cómo provocó el fracaso de toda una generación. Escribe sobre el drama de las familias que veían cómo se moría su hijo y ellos no podían hacer nada. El mejor ejemplo es el equipo de fútbol “Dejadnos vivir”. Unos chavales que se pasaban el día consumiendo droga y bebiendo cerveza acabaron ganando un torneo, incomprensiblemente. De forma irónica, el nombre refleja lo que quiso y no pudo ser esa generación. Dejadnos con nuestras drogas, no hacemos daño a nadie. La ironía no suele acabar bien: acabaron casi todos muertos.

El libro está bien escrito, sin redundar en adjetivos innecesarios y con el arte de escribir grandes historias. Lo mejor de Fariña es la cantidad de testimonios que se pueden encontrar en él: desde una de las artífices de la asociación “Las madres contra la droga” hasta capos o corruptos arrepentidos pasando por policías o jueces. Es un trabajo de recopilación inmenso donde prima el contenido, no la forma. Quizá sea eso el mayor mérito en la primera obra de este periodista de 36 años. Pese a que a veces uno se pueda perder entre la maraña de información de las distintas mafias y los capos gallegos, la claridad acaba venciendo. Las estadísticas alumbran al lector ante un panorama para él incomprensible. El mayor fallo de Carretero cuando habla de dinero es no contar con la inflación, hablar en términos nominales y utilizar el cambio de moneda de 2001 (1000 pesetas son más o menos seis euros). Por tanto, al decir que ganaron mil millones de pesetas lo traduce a seis millones de euros, cuando en términos reales es falso: la cifra sería mucho más grande (y más espectacular). Está bien explicado aquí.

El libro finaliza con un alegato hacia las autoridades, hacia la sociedad española y sobre todo hacia los gallegos. Esto que cuenta no es una historia del pasado, sino también del presente. No son simples anécdotas. En México o en Colombia pasan cosas increíbles y en Italia la mafia sigue teniendo un poder inmenso, pero no debemos menospreciar a los narcos gallegos. Ya no es un drama, pero todavía sigue habiendo cierto oscurantismo. Porque no debemos taparnos más los oídos, sino quitarnos la mano de la boca y contar de una vez por todas, como hace Carretero, lo que ocurre diariamente en las costas de nuestra propia tierra.

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