Monedero: “Para reconstruir la izquierda hay que reconocer su gran derrota”

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El humo del pasillo de la facultad de Políticas en Somosaguas nubla la vista, pero La Mecha se adapta rápido al terreno. Si fuéramos de Telemadrid estaríamos indignados por el olor a porro, pero nosotros sólo vamos a hacer una entrevista. Tras varios correos y una espera infinita y no correspondida en la puerta del despacho de Juan Carlos Monedero (Madrid, 1963), nos dirigimos a la puerta de su clase a recibirlo.

Queremos escuchar a Monedero porque el foco mediático día tras día le ilumina menos y a nosotros eso nos interesa más. Es una de las voces autorizadas de la izquierda, al menos de la que quiere volver a ganar. Ya no tiene que repetir las tres consignas de partido. Especialmente tras dejar la Ejecutiva de Podemos hace unos meses. Culpa al neoliberalismo, ese gran Leviatán creado por la democracia representativa. Parece que en cualquier momento va a citar a Bakunin en su crítica al individualismo diciendo que es la sociedad la que prepara a los criminales y los criminales son sólo los instrumentos para ejecutar los crímenes. Piensa lo que dice, pero al igual que otros nuevos partidos, no sabemos si dice lo que piensa. Durante la charla cita a sus referentes sin preocuparse de que sepamos quiénes son, condición indispensable para que te denominen intelectual.

Mientras despeja su despacho, ahogado de libros, nos llama cabrones por convencerlo. Monedero es un profesor convertido a político y un político devuelto a las aulas. Habla con la pedagogía del mejor maestro pero también demuestra sus elevados conocimientos en retórica. Nos limitamos a transcribir la conversación, excesivamente corta para nosotros pero eterna para Monedero, que nos echa del despacho después de alargar varios minutos la entrevista pactada. La regeneración y el Cambio nunca nos habían dicho que la nueva política tuviera hora de cierre: las nueve de la noche.

Pregunta. En uno de sus libros, Curso urgente de política para gente decente, habla mucho de la democracia entendida como lo que dijo Luis Napoleón en 1848 de “no os preocupéis, no tengáis miedo al sufragio universal, bien manipulados los pobres nos votarán”. En ese contexto parece incongruente mostrarse tan reacio como se muestra usted ante Internet, plataforma que ha ayudado al auge de Podemos. Lo hace de forma irónica con el concepto de clic-activismo. ¿Por qué?

Respuesta. La democracia se erige con la construcción de esferas públicas donde los diferentes sectores sociales se referencian. Con el auge de la televisión surge la posibilidad de construir discursos diferentes, porque si no la posibilidad de alternancia que implica la democracia no se cumple. Sería un fraude. Desde los años setenta, a raíz del Watergate y de la guerra de Vietnam, hay una reflexión muy conservadora que dice los medios de comunicación no pueden echar a un presidente de los Estados Unidos ni posicionar a la opinión pública contra una decisión bélica. Eso inaugura una época de un control férreo y creciente de los medios de comunicación. Termina con su conversión en empresas. Nos encontramos con que hay unos intereses que pesan más que el elemento propio de los medios: la transmisión objetiva de información. Un caso claro, por si lo recuerdas, es el de Murdock. Es una persona que construye un emporio mediático -pero que también es económico-, que va a alimentar la guerra de Irak y que va a terminar poniendo en nómina a Aznar y a Tony Blair. Siempre ha sido determinante para el nombramiento del primer ministro de Inglaterra, como se ha visto recientemente con el caso de las escuchas telefónicas. Otro ejemplo muy claro es Berlusconi, un tipo que a través del monopolio de los medios de comunicación termina siendo un presidente cuasivitalicio. En Italia solamente es derrotado cuando los propios intereses europeos entienden que su permanencia es problemática. Lo sustituyen por Monti. ¡Sin elecciones!

En ese conglomerado cerrado en que la política ha prestado lo peor a los medios de comunicación y que los medios de comunicación le han prestado lo peor a la política, en un juego de inmediatez de intereses espurios, que nada tienen que ver ni con la representación ideológica ni con la transmisión de conocimientos… Se cierra de alguna manera la construcción de la propia democracia. Es imposible informar sobre la alternativa. Ahí emerge como una posibilidad Internet, la posibilidad de construir una información diferente. Existe el riesgo de que esa información que construyes a través de Internet agote tu participación política. El esfuerzo de informarte por Internet, de tuitear una noticia o de ponerlo en Facebook puede que agote tu voluntad transformadora. Eso se convierte en un impotente clic-activismo. Internet es esencial en la construcción de una verdad alternativa a la verdad cartelizada de los grandes medios y de la prostitución partidista de la televisión o de los medios públicos, pero no se agota a sí mismo.

P. Para Podemos, más importante que Internet ha sido la televisión. En la entrevista que le hace Pablo Iglesias a usted en la Tuerka en mayo de 2015, hay un momento en el que él recuerda la importancia que quisieron darle a salir en los medios y en la propia televisión. La pregunta tiene que ver con Ernesto Laclau y su idea de populismo entendido como la forma de pensar las identidades sociales, un modo de articular demandas dispersas, una manera de construir lo político para llegar a una democracia radicalizada, en palabras del propio Laclau.

 ¿Cómo de importante ha sido Laclau y su concepto de populismo a la hora de fundar Podemos y de articular el concepto de indignación del 15M a través de las televisiones?

R. Antes, los revolucionarios iban al monte. Ahora van a los platós de televisión. Es imposible el cambio sin verdades alternativas. La Unión Soviética no se destruye por la Perestroika, sino por la Glasnost. Dice Stiglitz que el éxito principal del modelo neoliberal reside en habernos convencido de que no hay alternativa. Donde se construye una alternativa es en los medios. Por tanto la posibilidad de ahondar en nuestra democracia y salir de este vaciamento neoliberal del estado social democrático consiste en colocar un análisis y un diagnóstico que permita una terapia diferente. Y esto o lo colocas en los medios o nunca nadie te acompañará. Podrás tener un diagnóstico muy lúcido, pero estarás condenado a que solamente una minoría ilustrada lo comparta. De hecho los partidos con mayor densidad intelectual y por tanto con mayor capacidad de entender al desastre al que nos encaminamos (ecológico, migratorio, económico, laboral) no son de los trabajadores. Son de las clases medias ilustradas. Nos topamos con la paradoja de que las clases obreras pueden estar votando a la derecha o a la extrema derecha. La forma de revertir eso es ir a donde el pueblo está construyendo sus cosmovisiones. ¿Dónde? En los medios de comunicación.

Me molesta un poco la construcción a posteriori de los movimientos sociales que pretenden darle más importancia a los intelectuales de la que tienen. En el nacimiento de Podemos era muy relevante nuestra condición de intelectuales, pero también la de activistas. Nuestra experiencia agotada en partidos políticos, en América Latina, en Alemania, Italia… Las referencias teóricas reforzaban cosas que ya sabíamos por un análisis un poco más complejo donde también era muy importante el análisis concreto. En la construcción inicial de Podemos, Laclau no tiene nada que ver, no existe. Es una referencia posterior que en un momento determinado sí que es influyente en un sector de Podemos. En otro no. Yo nunca he sido deudor de la hipótesis populista de Laclau y siempre he pensado que no era trasladable un modelo pensado desde 10.000 kilómetros sobre una experiencia latinoamericana. Me pareció sospechoso. Compara cosas que no son comparables. El grado de deterioro de allí era mayor: tasas de pobreza del 70%. Aquí en el peor momento había un 66% de tasa de cobertura del desempleo. La hipótesis populista aportaba algunos elementos para construir la fase destituyente del antiguo régimen, pero era profundamente inhábil para construir la fase constituyente, Con esto me refiero a la fase de propuestas donde no bastaba la confrontación entre un ellos y un nosotros sobre significantes vacíos. Era mucha más rica la propuesta de Boaventura Santos que planteaba que en vez de construir sobre significantes vacíos había que construir sobre significantes llenos. Lo que había que hacer era traducirlos. Hay un aspecto que siempre me disgustó del análisis de Laclau y era entender por su parte que los gobiernos de Chávez, de Evo Morales o de Correa se expresaban sobre estos términos populistas donde la idea del significante vacío era esencial. Principalmente porque por ser un significante vacío nunca te dan un golpe de estado, sino que te los dan por ser un significante lleno.

 

Lee la entrevista completa en La Mecha.

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