Que nos pille escribiendo

Periodismo.jpgEn la película El método, un grupo de aspirantes a un trabajo son encerrados en un despacho donde tienen que superar unas pruebas. Se les plantea el siguiente reto: ha habido una guerra nuclear y vivirán durante 20 años en un búnker, pero hay que echar a uno. Todos utilizan su currículum para justificarse imprescindibles: juristas, médicos, electricistas… Carlos, que tiene estudios de literatura, se ofrece para contar historias, pero pronto es puesto en entredicho. Finalmente todo se debate entre Carlos y Ana, que, desorientada, razona que puede ser la madre del grupo, pese a que haya otra mujer más joven. Carlos, a través de un microcuento sobre un pingüino, consigue convencer al resto y desprestigiar a Ana remarcando su elevada edad para tener un hijo.

 Si tal y como dijo Larra escribir en España es llorar, hacerlo sobre periodismo es desangrarse por dentro.

Durante los últimos años el fin del modelo de negocio convencional ha provocado un aumento de informes sobre la muerte de la profesión. Pocos se dan cuenta tanto de la incongruencia de matar al periodismo como de desprestigiar al pesimista. ¿Por qué? Porque las esquelas del periodismo se convierten en oxímoron al segundo después de colgar el enlace en Twitter, pero las esquelas (y las risas) de las esquelas del periodismo son un oxímoron el día después de tuitearlas y ver que no ha reportado ni un euro.

Nadie ha muerto

El mejor análisis sobre el periodismo lo escribió Jorge Bustos en Jotdown: La rana hervida: informe sobre la muerte y la resurrección del periodismo. Si yo no tuviera ninguna idea propia se las copiaría todas a Bustos. Su conclusión es que Internet ha acabado con el negocio de la prensa tal y como se conocía. Eso sí, no tiñe de rojo su informe. Cuando le preguntamos sobre a qué se refiere, contesta: “En el momento en el que la destrucción se consuma, quedará lo de siempre: las élites deseosas de saber y la masa restante que quiere entretenerse”.

El mayor problema del periodismo es no saber cómo ser rentable. Y ante ello la mayoría de los viejos periodistas han decidido atrincherarse y “agarrarse a los restos del naufragio”. Mientras tanto, los que llegan nuevos a la fiesta no están dispuestos a pagar la entrada cuando la música ya está en la calle.

 

Lee el artículo entero en La Mecha.

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