Las mujeres que querían atropellar al machismo

img_20160830_125903

Son las tres de la mañana y Silvia ya está llegando al punto de recogida de su próximo cliente. El viento mece los pocos árboles que flanquean la calle. Parece que va a llover. Tampoco hay mucha luz en Fundidora. Cuando ella lo ve en la esquina, sonriendo y con la cara levemente ladeada, murmura: no tiene buena pinta. Él se sube y le sonríe: “¿Tú eres Silvia, verdad?” Ella asiente. Cuando trabajas para Uber hay que ser lo más amable posible, son normas de la empresa. Durante el trayecto él la pregunta por qué no se sube a su casa cuando lleguen. Ella declina la propuesta. Él insiste. Alza la voz. Ella lo vuelve a rechazar. Se hace el silencio hasta que lo repite. Silvia le advierte que si sigue así tendrá que abandonar el vehículo. Él se tranquiliza y le dice que vale, que se calme. Pasados unos minutos, él se lo vuelve a preguntar, de forma grosera, como si estuviera más ebrio. Ella frena el coche y le pide por favor que se baje. Sorprendentemente para ella, él obedece. Trastabillado por los efectos del tequila, el hombre se marcha, soltando insultos. Silvia arranca y sale de allí, en busca de otro cliente.

Como Silvia, hay entre 15 y 40 mujeres activas en todo Nuevo León trabajando para Uber. Pueden parecer bastantes, pero no, son pocas, muy pocas, sobre todo teniendo en cuenta que la cifra alcanza los 10.000 conductores, según estimaciones de Uber. Es decir, entre un 0.01% y un 0.04% de mujeres. Uber México no puede ofrecer datos exactos del número de sus conductores, pero estima que se mueven en esas cifras. “Aunque por ahora hay pocas manejando, desde Uber hay varias iniciativas para promover este tipo de empleos”, explica María Fernanda Reséndiz, Coordinadora de Comunicación de Uber en México.

Las ocho mujeres entrevistadas coinciden: Monterrey es una ciudad machista. La gran mayoría de ellas trabajan por el día para evitar “riesgos innecesarios”. No es el caso de Nancy. Sale a las 21:00 después de dar de cenar a su familia y acostar a su hijo. Maneja hasta las ocho de la mañana. “Trabajo, duermo entre 4 y 5 horas y después ayudo en tareas del hogar”, explica. Lleva poco en Uber, apenas un mes. Mientras habla, conduce y comprueba en el GPS que va en la buena dirección. Lo hace sin complicaciones. “Antes de empezar, me di cuenta que los propios socios de Uber que buscan conductores son machistas. Ven que eres mujer y te miran de forma distinta”. Desde la plataforma justifican esto diciendo que son “independientes”. Con uno de ellos Nancy tuvo un problema donde el socio llegó a ser “realmente agresivo”. “Ahí me di cuenta de que México aún no está preparado, que somos un país muy machista donde se le agrede verbalmente a la mujer por hacer cosas de hombre o por llevar tatuajes. O son groseros o quieren ligar”.

 

Lee el reportaje completo en Milenio  (6/9/2016)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s