Coetzee y la posteridad

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“Lo cual me lleva a un comentario que hiciste en tu última carta, en el que decías que, en tanto que escritor, da la impresión de que yo tengo una sólida fe en lo que hago. (Estabas contestando a mi comentario de que, por mucho que cueste de creer, no me molesto cuando los críticos me dan una tunda.)

Creo que por una vez te equivocas sobre mí. Yo no tengo mucha fe en lo que hago. Para ser más preciso, tengo la fe justa para poder escribir: la fe justa o tal vez la esperanza justa, una esperanza ciega o deslumbrada, en que si le dedico suficiente tiempo y atención al proyecto que tengo entre mano, “funcionará”, no será un fracaso palpable. Pero esa fe o esa esperanza solo llegan hasta ahí. No tengo demasiada fe en que mi obra perdure. “Ni el mármol ni los monumentos dorados / de los príncipes sobrevivirán a esta poderosa rima*”. Así es como suena la esperanza verdadera. Yo no me puedo hacer eco de ella.”

Aquí y ahora, cartas (2008-2011) entre Paul Auster y Coetzee (ed: Anagrama y Mondadori).

*Not marble, nor the gilded monuments Of princes, shall outlive this powerful rhyme”. Shakespeare, soneto 55.

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