Iñaki Uriarte: “Yo no me hablo con adjetivos”

captura-de-pantalla-2018-03-18-a-las-17-08-13Iñaki Uriarte (Nueva York, 1946) no empezó a escribir hasta los 50 años. Cuando publicó sus diarios en 2015, Antonio Muñoz-Molina y Enrique Vila-Matas elogiaron rápidamente el libro. A pesar de lo poco que ha escrito (apenas tres libritos con Pepitas de Calabaza) de sus diarios emerge una voz única en la literatura del yo en España.

PREGUNTA: Hay algunos autores que dicen que escribir les parece un suplicio.

RESPUESTA: Pues que no se martiricen. Escribir no es obligatorio. Aunque reconozco que lo que yo prefiero es corregir. Me gusta haber escrito y seleccionar y corregir. Ahí es cuando soy más feliz. Y la gozada más inmensa suele ser borrar. Es una satisfacción. Si tienes 10 folios y eliminas 2 mejoras el texto. No es tan fácil tirar a la basura aquello a lo que le has dedicado tiempo, pero es un hijo tonto que no va a funcionar de ninguna manera. Diarios está muy corregido. Creo que no hay ninguna frase que haya salido a la primera. Siempre intento simplificarlas. Si te estás escribiendo a ti mismo, ¿qué vas a hacer? ¿andarte con florituras léxicas o sintácticas? Además, yo no tengo facilidad para escribir con estructuras complejas. Aunque cuando te pones a escribir, no sé por qué, la tendencia inicial es a hacerlo todo más complicado de lo normal.

Me recuerda a aquello que dice de Valéry y de las grandes palabras.

Parece que te sale todo más complicado de lo que debe ser. Yo he tratado de escribir sin tonterías. Hay poquísimos adjetivos en lo que escribo. “La literatura es el adjetivo”, decían Pla y Umbral. Pues será. Pero yo a mí mismo no me hablo con adjetivos. Tengo cuatro adjetivos. Y pensando me imagino que menos. Pla decía que se paraba a liarse y encenderse un cigarrillo mientras pensaba un adjetivo. Yo, cada vez que me fumo un pitillo, y son muchos, quito un adjetivo. Por eso también es importante que lo que escribes esté tiempo sin publicarse. Tardar en publicar viene bien. Esas palabras o salidas de tono con los años las vuelves a leer y dices, pero ¡qué es esto! Piensas que te has vuelto a pasar.

La idea de que usted no es partidario de la escritura automática se desprende de sus diarios. ¿Pero ni siquiera en la intimidad, aquella idea surrealista de que hay que escribir para ver qué piensa el subconsciente?

No. Aunque tampoco me parece mal. El que quiera hacerlo que lo haga. Pero volviendo a lo de antes, tengo que decir que hay estilistas maravillosos. Proust me encanta. Tiene párrafos de páginas enteras. Allá él. Él mismo se pierde. Pero yo disfruto, porque dice cosas interesantes o sugerentes o muy luminosas. Ferlosio es otro complicadísimo, aunque siempre dice algo, y siempre muy preciso e interesante. A Ferlosio, si llegas con el ritmo normal de lectura de otros libros, te asustas. Tienes que rebajar tu velocidad de lectura y leer más despacio. Él lo complica, pero al final es muy claro. Pero yo habría preferido mil veces antes que Ferlosio hubiera elegido otra prosa.

Onetti no le gustó nada.

Pero eso que dices me pasó aquel día que escribí la entrada en el diario. Empecé a releer un libro de Onetti y por poco me mareo. Es que Onetti es opaco. ¿Pero dónde estamos? ¿Quién es este personaje? ¿Ya ha salido antes? ¿Es el mismo que aquel otro? Se complica a propósito por la influencia de Faulkner. A mí este tipo de literatura me gustaba en otro tiempo, pero cada vez prefiero más que las cosas sean más claras. Ser claro no es fácil. Si eres muy claro te queda lo que te queda: lo que tengas. Si no tienes algo que decir todo se va. Al quitar la complicación, la belleza del lenguaje, la estructura y esas cosas, te has quedado con nada. Lo interesante es que haya algo.

¿Qué opina del ego del escritor?

Eso me admira. Y hay muchos que siguen, y siguen, y siguen y no tienen éxito y siguen. O tienen un éxito leve. No sé. Yo no podría.

Como crítico literario que ha sido, ¿está de acuerdo con la percepción del crítico literario como escritor frustrado?

No veo por qué. Los que son unos frustrados son la mayoría de los escritores. Vuelvo a insistir: el que lee y le gusta la literatura, lo intenta. Si ve que no lo hace bien y lo deja, yo no lo consideraría un escritor frustrado, sino una persona lúcida. Frustrado es el que se cree que escribe bien y al final a la gente no le gusta. Darte cuenta de que no tienes talento para la literatura no significa que te sientas frustrado por no escribir Guerra y paz. Frustrados están la mayoría de los novelistas que no pueden escribir Guerra y paz.

 

Lee la entrevista completa en El oficio del escritor.

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