París (VIII)

“No escribo. Salvo ráfagas, tampoco leo. Lo bueno es que he dejado de ir a clase, y observo cómo transcurren las semanas sin mucha más preocupación que la de alegrarle el día a Z.”

Noviembre se ha pasado muy rápido. Lo primero que hizo fue traer el frío a París. El tiempo lucha por no empeorar, pero son semanas duras. Vienen amigos de Z. y más tarde te visitan Miguel y Gonzalo por separado. Sigue leyendo

París (VII)

Vienen tus amigos del colegio a verte a París. Les cuentas que has empezado a escribir una novela. Nacho te pide que se la enseñes. Le dices que no, pero él coge tu ordenador y lee en alto un fragmento de un documento abierto:

Sigue leyendo

París (VI)

Que la vida no es una novela uno se da cuenta rápido. Por ejemplo, el Bandini de Fante. Es un personaje literario que solo come naranjas. ¿Pero quién come naranjas? Tú solo comes manzanas, porque son baratísimas. Las naranjas son pringosas y dejan hilillos en las uñas y un olor fuerte en las manos. ¿Por qué la fruta del Edén era una manzana y no una naranja? Sigue leyendo

París (V)

12 de octubre

Vuelves de la universidad andando y escuchando música, mientras piensas por qué esta semana estás cabreado y deprimido.

Llegas a casa, enciendes el ordenador y miras Twitter. Lees un tuit de @Pedroampudia a través de un RT de @Mercutio_M. “Joder, dicen que se ha estrellado un avión del desfile en Los Llanos”. Sigue leyendo

París (IV)

En París no se acaba nunca, Vila-Matas cuenta que su padre se hartó tanto de mandarle dinero a Francia para que él escribiera su primera novela que le pidió que volviera a España. “Por fin me estoy dando cuenta de que mi hijo es un verdadero idiota”. Tú, por el contrario, te llevas bien con tu madre. Como mucho le asustas un poco y le comentas que estás adelgazando tanto que el reloj se te cae del brazo y las botas te quedan más grandes que antes. Sigue leyendo

París (III)

“De vuelta, 23:30. Hemos rodeado todo el Sena. Casi lo que más me gusta de París es sentarme y mirar el Ministerio de Justicia desde la orilla contraria. Después hemos callejeado por St. Germain. […] Mientras caminamos por el quai des Tulleries Ana habla de un amigo suyo gay. Intento ponerla en un aprieto. ¿Cómo sabes que yo no soy gay? Tartamudea, duda, reconoce. “Ya. En verdad no lo sé, puede ser. ¿Y qué más da?”. Le digo que no, que claro que no, pero ahora sus dudas de repente no me hacen gracia, me molestan, y pienso que por qué me habré metido en este juego. Por dentro me cabreo. Intento disimular, pero cuando hablan de chicos me callo y demuestro un sentido primario que me espanta”.

***

Te despiertas en una casa y te duermes en otra. Tan solo tienes un poco de suerte. Sigue leyendo

París (I)

París es una puta que te ha recibido con una gran patada en el culo. Un señor te pidió dinero en Opera agarrándote del brazo y, como no te gusta que te toquen, le empujaste. Caminabas con Blanca y Belén hacia el Arco del Triunfo, riéndote despreocupado, y no te esperabas su reacción, pero cuando le apartas y te vuelves hacia ellas notas la punta de una bota en tu culo. Una patada estratosférica. Te giras y le gritas, y todas las personas que te rodean te miran con ojos de pájaro. A ti, que es el que grita, y no al clochard. El hombre se te acerca, y tú no quieres líos o no te atreves a enfrentarte a él, así que te das la vuelta y sigues tu camino. Blanca y Belén andan muy deprisa, porque el tipo os sigue. No para de gritarte, de decirte que eres un maricón. “¡Maricón, marica!” Sigue leyendo