Guadalupe Nettel: “Las casualidades tienen poca cabida en la ficción”

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Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973) es una destacada escritora mexicana que en 2014 ganó el Premio Herralde de Novela con Después del Invierno. Ha publicado ensayos, cuentos y novelas. En esta entrevista habla, entre otras cosas, del mito fundacional del escritor.

¿Existe la inspiración?

La he sentido, sobre todo, cuando estaba acabando Después del invierno. Me sentaba a las doce y terminaba a las ocho, y si hacía una pausa a las cuatro, luego terminaba a las tres de la mañana. Son momentos raros, una mezcla de factores: la presión, la emoción, las ganas de querer pasar a otra cosa, pero al mismo tiempo sentir que lo estás haciendo bien, que no hay que cortar el impulso. Es muy rara la situación de no ver pasar el tiempo. Sumergirte tanto en la historia y en la empresa que no te diste cuenta a qué hora oscureció. Sigue leyendo

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Manuel Jabois: “El principal mérito de un escritor es no poner deberes a sus lectores”

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Manuel Jabois Sueiro (1978, Sanxenxo) es un periodista y escritor español. Es conocido por sus columnas y crónicas. La entrevista se produjo en su casa, durante hora y media, con juguetes de niño por el suelo.

 

¿Abordar la realidad de forma irónica es una manera de marcar distancia?

No lo sé. La columna generalmente es un espacio que siempre ha pertenecido a grandes nombres aficionados a dar puñetazos sobre la mesa. Pero yo no tengo ninguna vocación de trascendencia. No aspiro ni a que me hagan caso. He empezado muy joven y de manera muy estrafalaria a escribir columnas: había que llenar una página y yo pasaba allí. No me lo tomo a broma porque sería una falta de respeto, pero mi filosofía es: «Os cuento esto, pero no lo toméis muy en serio porque no estoy seguro». Dudar me ayuda muchísimo, especialmente cuando hago opinión, porque me acerca al lector, que está acostumbrado a leer verdades escritas por grandes señores. Al mostrarme indeciso la gente puede conectar más, o al menos la gente que a mí me interesa, que es la que no tiene todo muy claro. Sigue leyendo

Arturo Pérez-Reverte: “El lector que lee Alatriste comprende España”

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Arturo Pérez Reverte (Cartagena, 1951) es uno de los escritores españoles con más reconocimiento internacional. Ha escrito casi 30 novelas y es miembro de la Real Academia Española. A pesar de ser un personaje polémico, es innegable que su Capitán Alatriste ha enseñado a leer a más de una generación de españoles.

En esta entrevista nos explica cómo ha llegado hasta aquí: sus influencias literarias, su pasado como periodista y por qué se debe leer para llevar una vida mejor.

PREGUNTA: ¿Falta hoy día una mayor lectura de los clásicos?

RESPUESTA: Hay una cosa que es muy importante para un escritor: la formación. Yo tuve la suerte de tener una preparación buena y eso se nota en la obra. La gente, aunque no lo vea, lo huele, lo intuye. Un escritor joven lo primero que necesitaría es nutrirse de los clásicos griegos y latinos. ¡De ahí venimos! Los grandes mitos y los grandes temas: la mujer, el adulterio, el hijo no querido, la muerte, el viaje, el regreso… Después El Siglo de Oro: Quevedo, Lope, Calderón, Cervantes… Ahí es donde un escritor español aprende a afilar la espada, donde coge las herramientas técnicas, el vocabulario, el lenguaje y la riqueza. A ese poso clásico se añaden unas herramientas técnicas y un aprendizaje del manejo de la lengua. Y después, la gran novela del XIX y XX: Balzac, Galdós, Tolstoi, Dostoievski, Conrad. Aquellos que enseñan a estructurar una novela.

Con lo cual, un joven escritor que no ha leído a Homero, ni a Quevedo ni a Thomas Mann ni a Balzac se puede ir a hacer puñetas, porque no tiene nada. Que ni se moleste. Por muy listo que sea y mucho talento que tenga, no tendrá las herramientas, la educación técnica ni la formación intelectual suficiente para poder contar novelas como dios manda. Aunque fuese una novela contra todo eso, aunque después se dedique a romperlo. Picasso llegó a ser lo que es siendo primero un pintor extraordinariamente clásico. Después fue rompiendo ese clasicismo, pero hasta para romper primero se debe conocer. Sigue leyendo

París (VIII)

“No escribo. Salvo ráfagas, tampoco leo. Lo bueno es que he dejado de ir a clase, y observo cómo transcurren las semanas sin mucha más preocupación que la de alegrarle el día a Z.”

Noviembre se ha pasado muy rápido. Lo primero que hizo fue traer el frío a París. El tiempo lucha por no empeorar, pero son semanas duras. Vienen amigos de Z. y más tarde te visitan Miguel y Gonzalo por separado. Sigue leyendo

París (VI)

Que la vida no es una novela uno se da cuenta rápido. Por ejemplo, el Bandini de Fante. Es un personaje literario que solo come naranjas. ¿Pero quién come naranjas? Tú solo comes manzanas, porque son baratísimas. Las naranjas son pringosas y dejan hilillos en las uñas y un olor fuerte en las manos. ¿Por qué la fruta del Edén era una manzana y no una naranja? Sigue leyendo

París (V)

12 de octubre

Vuelves de la universidad andando y escuchando música, mientras piensas por qué esta semana estás cabreado y deprimido.

Llegas a casa, enciendes el ordenador y miras Twitter. Lees un tuit de @Pedroampudia a través de un RT de @Mercutio_M. “Joder, dicen que se ha estrellado un avión del desfile en Los Llanos”. Sigue leyendo

París (IV)

En París no se acaba nunca, Vila-Matas cuenta que su padre se hartó tanto de mandarle dinero a Francia para que él escribiera su primera novela que le pidió que volviera a España. “Por fin me estoy dando cuenta de que mi hijo es un verdadero idiota”. Tú, por el contrario, te llevas bien con tu madre. Como mucho le asustas un poco y le comentas que estás adelgazando tanto que el reloj se te cae del brazo y las botas te quedan más grandes que antes. Sigue leyendo

París (III)

“De vuelta, 23:30. Hemos rodeado todo el Sena. Casi lo que más me gusta de París es sentarme y mirar el Ministerio de Justicia desde la orilla contraria. Después hemos callejeado por St. Germain. […] Mientras caminamos por el quai des Tulleries Ana habla de un amigo suyo gay. Intento ponerla en un aprieto. ¿Cómo sabes que yo no soy gay? Tartamudea, duda, reconoce. “Ya. En verdad no lo sé, puede ser. ¿Y qué más da?”. Le digo que no, que claro que no, pero ahora sus dudas de repente no me hacen gracia, me molestan, y pienso que por qué me habré metido en este juego. Por dentro me cabreo. Intento disimular, pero cuando hablan de chicos me callo y demuestro un sentido primario que me espanta”.

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Te despiertas en una casa y te duermes en otra. Tan solo tienes un poco de suerte. Sigue leyendo