Cristina Cifuentes: “Podemos está engañando a la gente”

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A los animales políticos los definen su pragmatismo y su capacidad de adaptación en el terreno enemigo. Además, la bestia también sabe cuándo romper con el discurso de partido. Cristina Cifuentes (Madrid, 1964), Presidenta de la Comunidad de Madrid y Gestora del Partido Popular madrileño, ha sido designada por la propia cúpula nacional para “rearmar moralmente” al PP de Madrid: es decir, limpiar la cuadra de corrupción. Su figura republicana y agnóstica, además de la distancia de quien siempre discrepa entre los suyos, le hicieron poco a poco sumergirse en la discreta oscuridad de su propia formación. Sin embargo, la necesidad de cambio del Partido Popular la ha reflotado hasta la primera línea, ahora como salvadora de los que en su día la hicieron invisible. La espera, virtud indispensable en política, parece poner en marcha el engranaje que le hará que, inevitablemente, tarde o temprano, sea la primera mujer que se postule a presidir España, aunque ella lo niegue y ni se lo imagine. Sigue leyendo

Andrea Levy: “En España lo verdaderamente revolucionario es ser liberal”

Portada LevyVivimos en la era de lo inmediato, de lo visual. De los tuits y de los gifs, de las fotos que se desvanecen a los ocho segundos. De la sobreinformación y el desconocimiento. Si algo perdura, es que está desfasado. Y, mientras tanto, la política no pierde el tiempo, ningún partido ha dejado de llenar el Congreso de caras bonitas. Tampoco el Partido Popular, demacrado por la putrefacción de sus extremidades. En esa regeneración se encuentra Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del PP (Barcelona, 1984). Su juventud y buena presencia hace que la acusen, como a la mayoría de los nuevos políticos, de ser una mera figurante con dotes para el plató de televisión, pero de postín para el ciudadano ilustrado, que si de algo está harto es de que le traten por tonto.
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La Universidad cercada

¿Te imaginas que no hubiera ningún equipo de fútbol español entre los 200 mejores del mundo? Eso pasa con las universidades en España.

No seas ingenuo. Tu vida se va a reducir a un título. Si es a dos, mejor. Y a un máster. ¿Por qué no a dos? Y más te vale hablar francés o alemán. Inglés ni se pregunta. Pero, ¿no vas a la universidad? Olvídate, no encontrarás un buen trabajo. ¿Vas a la universidad? Sí, ¿no? No te preocupes, no vas a aprender. Bueno, ya lo sabes. Estás en cuarto y… estás perdiendo el tiempo. Dentro de unos años todo el mundo tendrá tu mismo título. Abre la puerta y verás el panorama con mayor claridad: profesores con nula vocación que se niegan a leer tus trabajos, clases magistrales y lecturas de powerpoint estúpidas, zombis estudiantes sin otra idea que la de aprobar, rectores que buscan una mayor financiación para contratar más profesores y conseguir más votos y, gracias a todo ello, un sistema hiperburocrático, poco eficiente y endogámico. ¿Tu futuro? Eso no le importa a nadie. ¿Quieres saber más? Bienvenido a la universidad. Sigue leyendo

Que nos pille escribiendo

Periodismo.jpgEn la película El método, un grupo de aspirantes a un trabajo son encerrados en un despacho donde tienen que superar unas pruebas. Se les plantea el siguiente reto: ha habido una guerra nuclear y vivirán durante 20 años en un búnker, pero hay que echar a uno. Todos utilizan su currículum para justificarse imprescindibles: juristas, médicos, electricistas… Carlos, que tiene estudios de literatura, se ofrece para contar historias, pero pronto es puesto en entredicho. Finalmente todo se debate entre Carlos y Ana, que, desorientada, razona que puede ser la madre del grupo, pese a que haya otra mujer más joven. Carlos, a través de un microcuento sobre un pingüino, consigue convencer al resto y desprestigiar a Ana remarcando su elevada edad para tener un hijo.

 Si tal y como dijo Larra escribir en España es llorar, hacerlo sobre periodismo es desangrarse por dentro.

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Monedero: “Para reconstruir la izquierda hay que reconocer su gran derrota”

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El humo del pasillo de la facultad de Políticas en Somosaguas nubla la vista, pero La Mecha se adapta rápido al terreno. Si fuéramos de Telemadrid estaríamos indignados por el olor a porro, pero nosotros sólo vamos a hacer una entrevista. Tras varios correos y una espera infinita y no correspondida en la puerta del despacho de Juan Carlos Monedero (Madrid, 1963), nos dirigimos a la puerta de su clase a recibirlo. Sigue leyendo