París (I)

París es una puta que te ha recibido con una gran patada en el culo. Un señor te pidió dinero en Opera agarrándote del brazo y, como no te gusta que te toquen, le empujaste. Caminabas con Blanca y Belén hacia el Arco del Triunfo, riéndote despreocupado, y no te esperabas su reacción, pero cuando le apartas y te vuelves hacia ellas notas la punta de una bota en tu culo. Una patada estratosférica. Te giras y le gritas, y todas las personas que te rodean te miran con ojos de pájaro. A ti, que es el que grita, y no al clochard. El hombre se te acerca, y tú no quieres líos o no te atreves a enfrentarte a él, así que te das la vuelta y sigues tu camino. Blanca y Belén andan muy deprisa, porque el tipo os sigue. No para de gritarte, de decirte que eres un maricón. “¡Maricón, marica!” Sigue leyendo

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Que no se muera tu madre en la Unión Soviética

Un fragmento del libro de David Remnick La tumba de Lenin, los últimos días del imperio soviético:

“It wasn’t as if this swamp of corruption were a secret to the Soviet people any more than the existence of the mafia is a secret to the New York storekeeper forced to pay protection money. The mafia made itself known every turn. You literally could not leave this earth without feeling its heaving hand come on your shoulder. One afternoon, the nanny who take care of our son  came to work exhausted and depressed. Her mother had died, but what had run her down most was the enormous effort and expense of getting the woman buried -a process that drained her as much as it enriched the “cemetery mafia” and its Party patrons.

«I knew immediately this was going to run into big money for us», Irina said. «We were supposed to get a free funeral and burial. But that is a joke. The first stop was the bank. First, Mother’s body had to be taken to the morgue. We were told that the morgues were all filled up, and the y wouldn’t take her. But when we paid two hundred rubles to the attendants, they took her. Then there was the fifty rubles for her shroud.

«Then the funeral agent said he had no coffins my mother’s size and that we could buy something eight feet long. My mother was five feet tall. For eighty rubles he came up With the right size. Then the gravediggers say they could not dig the grave until two p.m., even though the funeral was set for ten a.m. So that took two bottles of vodka each and twenty-five rubles each. the driver of the funeral bus said he had another funeral that day and couldn’t take care of us. But for thirty rubles and a bottle of vodka we could solve the problem. We did. And so on with the gravesite and the flowers and all the rest. In the end, it took two thousand rubles to bury my mother. Three months’ income for the family. Is that what ordinary life is supposed to be? To me, it’s like living but the law of the jungle». Sigue leyendo

Jorge Bustos: “El aprendizaje de la escritura es un despojamiento. Es el aprendizaje de la sencillez”

Hace un año entrevisté, junto a Gonzalo R. Sevilla, a Jorge Bustos. La entrevista se hizo con el mismo propósito que la conversación con Arcadi Espada: hablar sobre el oficio del escritor. En este caso, Jorge Bustos cuenta su visión sobre el ensayo, su estilo y su pasión por la lectura. No hay nada de actualidad. También charlamos de posmodernismo, cultura y libros.

PREGUNTA: El nazismo nos enseñó a replantear el poder y nuestra confianza en la cultura.

RESPUESTA: Ahí empieza un desprestigio de la cultura y de la razón que siguen Adorno y Horkheimer con su Dialéctica de la Ilustración. ¿Cómo la nación alemana, la más culta del mundo, pudo desarrollar el mayor horror de la historia? Si la cultura no nos blinda de algo tan horrible como el nazismo, ¿de qué sirve la cultura? Emerge un cierto nihilismo. Entran en crisis todos los relatos que daban sentido a la vida del hombre: la comodidad, la religión o las tradiciones. Mientras tanto, gana fuerza el individualismo. Al mismo tiempo, el consumo de masas permite la democratización de la cultura. A partir de los años cincuenta, creada la cultura de masas, quedan trastocados los parámetros por los que se regía el mundo cultural y literario, hasta llegar al momento actual donde conviven todo tipo de corrientes. La posmodernidad es un océano donde han desembocado todas las corrientes de la historia occidental, y cada uno nada en la suya. Sigue leyendo

Todorov y los enemigos íntimos de la democracia. ¿Es buena siempre la libertad?

9788481099959Me he propuesto recuperar la lista de mis lecturas en el blog, con la condición de que escriba sobre ellas.

Me acabo de terminar -prácticamente de una sentada porque es corto- Los enemigos íntimos de la democracia, de Tzvetan Todorov. Llegué a este libro de casualidad, pero al verlo decidí comprarlo por lo mucho que me había impresionado El miedo a los bárbaros.

La tesis principal de Todorov es que los principales enemigos de la democracia no están fuera, sino dentro. Ya no existe la Unión Soviética y Rusia tiene menos poder de influencia, mientras que China está plenamente integrada en la globalización y no busca imponer su sistema político, sino beneficiarse del comercio. Además, Todorov le resta importancia al terrorismo yihadista. No lo considera un enemigo que ponga en peligro la pervivencia de las democracias. Por tanto, si los enemigos no están fuera, están dentro. Según mi lectura, estos son los principales: 1. El mesianismo político 2. El neoliberalismo y 3. El populismo y la xenofobia. Sigue leyendo

Apuntes tras leer Anna Karenina

 

  1. Aunque no me ha costado acabarlo y en ningún momento me he planteado abandonar su lectura, a ratos se me ha hecho largo. Según avanzaba pensaba que había partes del libro que sobraban. Me recordaba que Anna Karenina se publicó por entregas en un periódico y que si era tan extenso era porque Tolstoi había querido ganar más dinero. Por otra parte, no he conseguido leer más de 70-80 páginas del tirón. Pero al acabar el libro, reposando la lectura, me he dado cuenta de que todo esto no es culpa de Tolstoi, sino del Whatsapp o de Twitter. De los libros de más de 1000 páginas que he leído es la primera vez que me ocurre, y eso me preocupa. Dicho esto, no creo que Anna Karenina contenga la tensión narrativa que sí tiene Guerra y Paz.
  1. Llegué a Anna Karenina pensando que me iba a encontrar un libro muy parecido a Madame Bovary. Me equivocaba. Tolstoi, con muchas más páginas, escribe el libro en el que se podría resumir la humanidad. Anna no es más que una excusa, un pivote sobre el que cimentar toda una novela para tratar temas tan diversos como el amor, la familia, la religión, la dualidad campo-ciudad, los celos o la envidia. Emma Bovary es la protagonista y ciega al resto de personajes. Anna Karenina no, incluso a veces desaparece de la novela. Hay partes en las que me es más interesante leer sobre Lievin que sobre Anna, quizá porque el primero (Lievin significa “de Lev”) es un alter ego del autor.
  1. Me parece que lo más pesado cuando leo a Tolstoi son los debates en torno al campesino, el capital y el trabajo en el campo. En general, todas las conversaciones que se deban a polémicas de la época. Tienen interés histórico, pero nada más. Contrasta con capítulos muy evocadores y geniales. Algunos: Vronski conociendo a Anna en la estación, la carrera de caballos de este mismo, Lievin trabajando a destajo en el campo con sus campesinos o el embarazo de Kiti.
  1. Uno no puede ser más que esclavo de su tiempo, pero se me hace raro no leer ninguna descripción de sexo. De repente, Anna ha sido infiel y, más tarde, el lector se entera que se ha quedado embarazada. Durante el libro, lo más loco que hacen los personajes es besarse las manos. Esto ha evolucionado tanto que si te imaginas las escenas que se describen en el libro te partes de risa. Para divertirme trataba de descubrir en cualquier palabra o cambio de párrafo una escena de sexo que Tolstoi hubiera querido comunicar entre líneas.
  1. Sigo pensando que me gusta más Dostoievski. Y que esto es natural, sobre todo cuando uno va avanzando con sus lecturas. Salí más conmocionado de Los hermanos Karamazov o de Crimen y castigo que de cualquier obra de Tolstoi, pero porque tengo la sensación que Dostoievski escribió esos libros para hablarme a mí a la oreja, mientras que Tolstoi lo hace con universales con los que muchas veces no me identifico.
  2. Me ha encantado el prólogo de George Gibian (1966):

 

“Llaman la atención varios aspectos de Anna Karenina que pueden parecer inconsistentes o incluso contradictorios. Por un lado, existen muchos indicios de lo que podríamos calificar de actos de la razón y de la voluntad. Tolstoi usa un gran número de expresiones que señalan relaciones lógicas. […] Con frecuencia, los personajes cumplen su voluntad; planean, calculan […].

Por otro lado, sin embargo, muchos pasajes apuntan lo opuesto: personajes que confían, con buenos resultados, en su intuición e instinto, seres humanos incapaces de llevar a término su voluntad; actos involuntarios o incluso en contra de lo que ellos habían planeado. De hecho, los actos más verdaderos y significantes se realizan a veces irracionalmente. Los puntos de inflexión giran en torno a lo repentino, lo inmediato, lo inesperado, y no a lo racional o a la voluntad”.

 

“Los personajes de Tolstoi a menudo cometen acciones que no quieren realizar, como si las llevaran a cabo en contra de su voluntad. Planifican y “tienen la intención de”, pero entonces el lector los descubre (y se descubren así mismos) haciendo, diciendo o sintiendo algo muy diferente de lo que tenían previsto. O bien dicen y hacen cosas inconscientemente. Como resultado, muy a menudo se sorprenden a ellos mismos, por lo que hacen los demás, por lo que hace la vida”.

 

Y esto, una explicación de por qué se ha elegido varias veces a Anna Karenina como la mejor novela de la historia:

“El narrador de Tolstoi relata lo complejo y lo oscuro como si resultara obvio, simple, cristalino. El narrador lo ve todo claro y directo: suyo es el estilo transparente. No está al mismo nivel que los personajes, sino en las alturas, como un Dios, observándolos desde un lugar superior y privilegiado. Este es el mecanismo estructural básico de Tolstoi para contrastar la percepción del narrador y la voz de los personajes, el responsable del doble efecto de la novela: su claridad racional frente a los elementos no raciones e intuitivos”.

Arcadi Espada: “Tengo que escribir muchas cosas al día y tengo prisa. No me puedo permitir el lujo de ser pedagógico”

Hace un año estuve charlando con Arcadi Espada sobre su juventud, su obra y sus influencias literarias. La entrevista iba a publicarse en un proyecto de conversaciones con escritores, pero finalmente decidimos incluir solo a novelistas y poetas.

 

Pregunta: Su primera obra fue Ibiza, una guía turística.

Respuesta: Fue un encargo de un amigo que tenía contactos con una editorial que estaba conectada con el Ministerio de Turismo. Buscaban personas que estuvieran dispuestas a estar unos meses en distintos lugares. Me lo ofreció y yo acepté, haciéndolo con mi mujer de entonces.

¿Y leyó a la Generación Beat?

¡Sí! Me acuerdo que tuve que leer a Ginsberg. Hasta leí cosas de extraterrestres. Yo me lo pasé genial haciendo parte de ese libro, pero decir que ha sido una obra mía es un poco excesivo.

Uno de sus autores favoritos es Léautaud, en cuya lápida se puede leer: “escritor francés… extraño a toda fe y a toda inquietud filosófica”. Usted en el libro En nombre de Franco se describe como un joven que no tenía ninguna inquietud.

Esto es complicado de explicar. Hay dos maneras de ser joven. Una es contraindicada y la llevan a cabo esos adolescentes que van dando vueltas en espiral a la inquietud filosófica. Pueden ser personas muy inteligentes y muy bien formadas pero no logran insertarse bien en el ambiente. Siempre están divagando, aunque luego hagan obras maestras. Tienen una vida generalmente infeliz. Yo no. Yo fui un adolescente que miraba siempre hacia delante. Yo seguía mi camino y no me preocupaba ni por la muerte ni por esas cosas que los adolescentes se preocupan. Sigue leyendo

Discriminación en las discotecas: cómo combatir sin carteles el machismo

Mi padre vive en China desde hace siete años. Primero estuvo en Shanghai y después se movió a Pekín. He ido varias veces a verlo y la última fue hace dos veranos, con dos amigos. Nada más llegar decidimos salir de fiesta, porque mis hermanos me habían hablado muy bien de la noche en China. Nos fuimos a Sanlitum, la calle de Pekín donde están las discotecas más famosas. Allí, un chino vestido de traje nos paró para invitarnos a una nueva sala que acababan de abrir. No nos fiamos nada, pero decidimos ir. Cuando entramos, alucinamos. No nos había mentido. La discoteca era enorme, repleta de luces y de gente. El chino sacó tres pulseras y nos las dio para que tuviéramos alcohol gratis. En ese momento nos sentimos estúpidamente orgullosos de ser europeos. La barra de la discoteca estaba repleta de jóvenes como nosotros, personas entre 20 y 30 años que eran occidentales y que llevaban la pulsera amarilla fosforescente. ¿Y los chinos? Ellos estaban en los reservados, bebiendo Moët & Chandon y mirándonos con una sonrisa en la boca. Yo pedí copa tras copa, contentísimo por no tener que pagar. Pero al volver a casa, pensando en el tema, me di cuenta de lo obvio. Nos habían utilizado, decorando la barra de la discoteca para que los chinos, niños ricos, estuvieran contentos. Y ese día comprendí lo que tanto me había costado entender cuando empecé a estudiar economía: si te ofrecen gratis un servicio es que el producto eres tú.

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El arriesgado momento de convertirse en escritor

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Desde que descubrí la ingente y exquisita cantidad de entrevistas de la Paris Review que se realizó durante todo el Siglo XX a mis escritores más admirados, cada vez que entro en una biblioteca busco en la sección de “escritura” algún libro relacionado con la revista. Sé que están todas publicadas en Internet, pero el papel me sigue transmitiendo más sensaciones que la fría pantalla. Aquí en Monterrey, en México, no hay muchos, pero está mi querido El oficio de escritor de la editorial mexicana Era. Pues bien, a su lado, con un lomo verde oscuro, estaba apoyado una recopilación de entrevistas de la Paris Review a escritores latinoamericanos, justo lo que se echaba en falta en Writers at work. Están todos: desde un Borges ya ciego que apenas le queda por decir algo más de su obra que no haya dicho ya hasta un García Márquez pletórico y guasón, pasando por un Vargas-Llosa recién defenestrado de la política o un Cortázar con su majestuosa pedagogía a la hora de hablar de literatura.

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